domingo, 10 de abril de 2011

Vamos a dar una vuelta al Cielo, Crónica del Concierto del Caifán.



Evocación por la nostalgia de los tiempos idos, convocados por una extraordinaria campaña de publicidad que nos convencieron de ir a la reunión de los Caifanes por lo que nos apersonamos en el Festival Vive Latino 2011.

Gracias al buen Georgie, amigo de 20 años, quien me consiguió el pase de audio pude ingresar al ForoSol y estar en la consola de monitores.

Alguien recuerda su concierto de la explanada de la delegación Venustiano Carranza? exacto, donde hubo que dispersar al respetable con gas lacrimógeno; o aquellas tocadas en el LUCC o las de nuestro amado RockStock?. Pues ahora nos apersonamos 70 mil almas para dejar en claro que en los chochentas no solo existía la generación timbirche. Reclamamos como nuestra la banda de los Caifanes ya que crecimos con ellos, disco a disco abrimos camino en la industria nacional de la música, para llegarlos a considerar como LA banda de rock mexicano.

La campaña publicitaria nos hablaba de la alineación original, cuando sabemos que el lineup de los Caifanes tuvo varios integrantes, otro punto es que al menos el 40% de las rolas de su concierto se escucharon hace apenas 2 años en el mismo escenario, en el mismo festival pero con los Jaguares.

Desde el jueves por la tarde (la única banda que hizo soundcheck ese día) nos dimos cuenta que estaban encanchados, tantos años de experiencia como músicos los hacían pasar sin problemas el exámen de tocar rolas que están grabadas en el inconsciente colectivo del respetable. También saber que la falta de potencia de Saúl sería compensada por el canto de todos los presentes. Y esa quizás sea mi única crítica: el no arriesgarse, simplemente cumplir. Claro, eso era lo que esperaba el respetable, escuchar las rolas de hace 20 años!!!.

Llegue y me tuve que chutar a 2 grupos antes de los Caifas, eso si, cuando acabaron de tocar su set, los técnicos tenían que darle una limpiada al escenario para la llegada del grupo principal.

Por petición expresa del grupo se tocó en el previo la rola de "Azul, casi morado" y el foro sol la cantó, #JuaydeRita le abría a los Caifas desde el Tlalocan-Taomanchan,subieron y el silencio se rasgó con la rola de ¿Será por eso?



y después este himno:




El set list fue:
* ¿Será por eso?
* Mátenme porque me muero
* Viento
* Antes de que nos olviden
* Los Dioses ocultos
* Detrás de ti
* Nubes
* Piedra
* Ayer me dijo un ave
* Aquí no es así
* Miedo
* Afuera
* Nos vamos juntos
Encore 1
* El negro cósmico
* Amanece
* Hasta Morir
Encore 2
* No dejes que...
* La Célula que explota
* La Negra Tomasa








Hicieron suya la petición de "No + Sangre" que el gobierno y los narcos han interpretado como "Nomas sangre", un saludo a los hermanos caídos (Fernando Toussaint y #JuaydeRita) y pidendo paz.

Asi, asi viví el concierto de los Caifanes.

Por cierto todo se grabó en audio y video, seguro va a salir el DVD.

Ah y el asunto de las transmisión por internet de solo las primeras 5 rolas del concierto fue por decisión del representante, la mano de la Marusa se hacía presente oootra vez.

martes, 5 de abril de 2011

Los Caifanes por Xavier Velasco.



Quien habla es el escritor Xavier Velasco (“Diablo guardián”, 2006 y “Una banda nombrada Caifanes”, 1990). Cuenta, desde su perspectiva, algunas de las razones nunca antes reveladas que provocaron la desaparición de esta banda mexicana de rock en agosto de 1995.

Velasco se considera el quinto Caifán por su estrecha relación con la agrupación durante sus años de mayor popularidad. El escritor, siempre más cercano al vocalista, Saúl Hernández, dio esta entrevista en el 2006 y aseguró que jamás volvería a tocar el tema.

Los detalles no contados

Sentado en el stand de su editorial, Xavier Velasco promete que será la única vez que hablará de esto. Se habían cumplido once años de la separación de Caifanes y sólo hasta ese momento se atreve a recordar. En esos días se ha enterado que Saúl Hernández recuperó el nombre de la banda, que causó el conflicto legal con el guitarrista Alejandro Marcovich.

Xavier comienza a recordar cómo conoció al grupo.

La primera vez que vi a Caifanes quedé deslumbrado, no había visto nada así en México. Después me enteré que gastaban su dinero en renta de equipo, en sonar bien, aparte eran buenos músicos. Sabo un excelente bajista, Alfonso un tipo con mucha pasión, mucha fuerza, eran una banda fuerte, con contradicciones internas fuertes y eso los hacía dar todo arriba del escenario.

Con Saúl, el autor coincidió en su gusto por David Bowie y en su manera de andar de fiesta en fiesta.

Un Viernes Santo, de esos aburridos, un amigo me dice – vámonos a un pueblo a ver una crucifixión o algo, esto está muy aburrido- y terminamos en Chalma. Llegamos al pueblo, traía tal borrachera que me bajé a bailar alrededor de un tapete del carro y dije ‘ya bailé en Chalma, ahora nada más falta el milagro’. De regreso le dije a mi amigo que quería escribir un libro; ¿qué contaría? ‘No sé pero lo quiero escribir, eso me gusta’, dije.


Ese fue el milagro de Chalma. Cuando llegué a la conclusión de que lo quería hacer y no era un borrachazo le llamé a Saúl y le dije ‘no sé qué tan biografiables sean ustedes porque la banda es muy joven, pero no me importa, lo quiero hacer, porque si esta banda ‘pega’, todo mundo va a estar interesado en hacer esto, pero ahorita soy el único loco que lo quiere hacerlo, quiero apostar por ustedes, vámonos juntos’, le comenté a Saúl.



Después de lanzar su primer disco, Caifanes fue un éxito y con él llegó la idolatría, los fans, que aumentaron con el hit ‘La negra Tomasa’. Saúl Hernández, Alfonso André, Sabo Romo y Diego Herrera se hicieron ‘rockstars’, pero en torno al cantante comenzó una singular mitología.

Sabo le puso a Saúl, “Susan”, su santidad. Le decíamos el American Express: no salgas sin él. Nos metía gratis a todos lados, llevábamos una relación tan fuerte que él me decía ‘puta’ y yo le decía ‘mierda’. Alrededor de Saúl se fue creando un mito. En Rockotitlán la cantidad de gente que le hablaba era mucha y le decíamos ‘ya terminaste de confesar a la banda para que nos vayamos o qué?’ Él se reía mucho, nunca se la tomó en serio.


Xavier Velasco recuerda que empezó a escribir el libro de Caifanes y llegó a la banda Alejandro Marcovich para participar en el disco ‘El diablito’. El libro contiene una foto donde Saúl y Marcovich se abrazan, el pie de la imagen dice “En pleno abrazo de Acatempan”, pero no fue así, no hubo una verdadera reconciliación entre ambos tras desintegrar Las Insólitas Imágenes de Aurora a mediados de los ochenta.

Siempre hubo una rivalidad muy intensa entre Alejandro y Saúl, una falta de entendimiento entre los dos, que era parte del papel creativo de la banda. Alejandro tenía mucho conocimiento académico, daba clases privadas de Física y Matemáticas. Siempre se burlaba de Saúl le decía ‘eres un ignorante, tú no sabes lo que yo sé’ y Saúl decía ‘tú no intuyes lo que yo intuyo, eres muy cuadrado’.

Alejandro estaba muy celoso del asunto económico y operativo de la banda. Era como un gerente de recursos humanos y Saúl era un borrachote, un inspirado y en las noches sacaba su inspiración, su poesía vital, nunca fue un gran poeta ni dominaba las palabras, pero tenía unas antenas muy grandes.

Alguna vez, hablando con Draco Rosa, me dio una definición de Saúl que me gustó:
‘Saúl es viejo, en el sentido de que sabe y parece que ha vivido varias vidas, como si recordara vidas anteriores’.

Alejandro pensaba, Saúl veía.

La primera y única vez que hicimos fumar marihuana a Alejandro, le dio dos jalones y cuando se acabó dijo ‘bueno qué, ¿no hay más mota?’ Aplaudimos todos, porque él era el congruente.

Contrataron a su manager, Marusa Reyes, tema del cual no me interesa hablar, porque ella nunca fue parte de la banda ni lo sería, era una administradora con quienes algunos no tuvimos una amistad.

Entiendo que ella ayudó a Saúl a ajustar alguna serie de cosas necesarias, no es una mujer simpática, ni lo será. No se acabó la vida loca, pero adquirió sus límites. A partir de ahí nuestro juego era escapárnosle a Marusa y seguir la vida loca.



Andanzas nocturnas, fiestas, pleitos, escenas de telenovela se vivieron más tarde, pero eso va en el otro capítulo de esta entrevista.

Cuenta el escritor Xavier Velasco que empezó a viajar con Caifanes, pero a la llegada de su manager Marusa Reyes, comenzaron a darse limitaciones y presiones por todos lados. Lo que comenzó como una gran fiesta se convirtió en una responsabilidad.

Yo viajaba poco porque ella decía que yo era mala influencia para los músicos. En Medellín llegó a decirme que no me llevara a Saúl ‘aquí hay 55 muertes violentas por fin de semana, tú eres responsable si algo le pasa’, sí, sí y me llevé a Saúl.

La banda creció mucho, había presiones en la disquera, las responsabilidades de cuando las cosas crecen, ellos empezaron a tener menos tiempo para la vida loca. La relación entre Saúl y Alejandro se fue desgastando mucho, llegó un momento en que era insoportable.

En el 1994-1995, Saúl ya no quería estar en la banda. Cuando iba yo, me decía ‘me voy en tu coche, no quiero ir con Alejandro en la camioneta’. Había mucha tensión, mucho odio”.

El escritor atribuye esos roces a que Marcovich nunca perdonó a Saúl.

Cuando llegó a la banda ya tenía rencor. Muchas veces me dijo varia cosas de su inconformidad, Alejandro sentía que no había sido suficientemente remunerado, que Saúl tenía todo el reconocimiento y él nada. Él tenía un ego maltratado.

Se llegaron a insultar o veníamos el autobús y el aire podía cortarse con cuchillo. Alguna vez Saúl le dijo a Alejandro, ‘ya corriste a Sabo, a Diego ¿a quién más quieres correr?’. Alejandro alguna vez le dijo: ‘nuestros músicos invitados no van a ser parte de la banda, no van a crecer las alimañitas que crecieron con Diego y Sabo’.

Una vez que llegó a la banda Alejandro se instaló y se consideraba más caifán que algunos caifanes; pagó por eso. Decía que los músicos mexicanos no sabían tocar. Siempre fue un tipo muy sincero, muy visceral, sus explosiones las pagó él.

Alejandro se dejó de divertir, quería hacer proyectos solistas, pero estaba muy celoso y tenía miedo, le importaba demasiado el futuro, pensaba mucho en números. Nosotros no pensábamos en nada, sabíamos que iba a ser un nuevo día y si íbamos a estar vivos o no.


Una de las cosas que más lamenta Xavier Velasco es la actitud de Diego Herrera tras ser el primero en abandonar al grupo (aunque regresó para la gira de ‘45’, el disco de Jaguares). El tecladista y saxofonista se convirtió en ejecutivo de BMG, la disquera de Caifanes, y muchos años después de su separación lanzó sin autorización de la banda el disco ‘La historia’.

Diego se salió para meterse de ejecutivo de la disquera y convertirse en su cómplice y ‘putear’ a los Caifanes, eso le hizo mucho daño. Diego era otro tipo de persona, quien los regañaba porque no habían pagado sus impuestos, pensaba más… Diego y Alejandro eran los ejecutivos de la banda.

Cuando Alejandro dejó de divertirse comenzó a cargar el portafolio (su guitarra), Diego también.

Sabo se salió porque no soportaba verlos cargar el portafolio, él ya no estaba dentro, emocionalmente no estaba dentro, fue muy honesto. Sabo y Alfonso se detestaban, pero había respeto, a veces se llevaban bien, había una situación de rivalidad, algo muy sano para el sonido de la banda.

A Caifanes lo dominaba la furia, era una banda de furia, pero así como llegaban odiándose al escenario, al final de los conciertos se amaban y se abrazaban, eran una bola de hermanos peleados entre sí todo el tiempo.



Velasco afirma que una y otra vez, Saúl Hernández mostraba su inconformidad por la actitud de Alejandro Marcovich, quien, agrega, una y otra vez sacaba a colación lo que para él era “ignorancia”.

Marcovich me decía ‘tu amigo nunca entenderá nada de música ni de letras, ya es muy tarde para que le enseñen’. Un día, en un concierto por la estación del metro Indios Verdes en México, Saúl se subió a mi coche y me dijo ‘ya no soporto a la gárgola podrida, déjame subirme contigo’. Empezó a existir una animadversión total. No entiendo cómo a Alejandro lo tomó por sorpresa que Saúl le dijera que ya no quería tocar con él, estaba anunciadísimo.

Saúl es un tipo que miente poco, tomó la iniciativa, cuando se desespera se va a los madrazos, tiene reacciones animales, es una fiera, es muy humilde, acepta la opinión de otro.

Finalmente llegó el día de la separación de Caifanes; 18 de agosto de 1995 en San Luis Potosí. Xavier Velasco decidió no presenciar la despedida de la banda.

Le hablé a Saúl y le dije que no iba a ir al concierto, que no sabía qué iba a pasar pero que mi imagen de la banda era mucho mejor. Me dijo ‘gracias que no quieras ir a esa mierda. Soy el que menos quiere ir, cuando vuelva te cuento’.

Antes de ese último concierto, Saúl Hernández comenzó a tener problemas con la garganta. El escritor cuenta que el entonces líder de Caifanes, ahora de Jaguares, sufría mucho por eso.

La enfermedad de Saúl cayó en el último año de la banda. Saúl iba camino al quirófano y Alejandro le iba diciendo ‘es que los ingresos, el dinero’. Eso hizo que se lo quitaran a un lado. Hay una historia de fuerza y de dolor que fue muy poco vista. Sólo se preguntaron si Saúl seguía o no, esa lucha, de Saúl llorando, cantando sus canciones antes de entrar al quirófano porque tal vez sería la última vez que las cantara y haciendo chistes sobre el cáncer en la garganta, aunque no tenía eso, fue una historia privada.