miércoles, 15 de diciembre de 2010

Genesis del logo de Pumas.


Manuel Andrade "Pajarito" cuenta que una vez que la UNAM tenía la mascota (obvio, un Puma) lo invitaron a diseñar el logo del equipo de las actividades deportivas, en el transcurso de 4 meses trabajó en 800 bocetos para llegar al resultado final. En ese lapso se iba al zoológico de Chapultepec y se pasaba horas observando a los pumas.


Como pueden ver en esta imagen el logotipo es muy estable, un triángulo equilátero conteniendo 3 círculos que muestran la cara de un puma. El espacio entre los ojos, la nariz y la boca crean la letra "U" de la universidad y era un elemento que "Pajarito" quería que tuviera desde los primeros bocetos. Además el contorno superior (la cabeza) es la parte superior de un puño visto de frente.
¿Será por eso que cuando cantan el himno universitario los jugadores extienden su puño?


El asunto aquí es que debido a que el trabajaba en la Unam no cobró por el diseño y no ha pelado los derechos del mismo; a 36 años de su creación "Pajarito" vive en un cuarto de azotea, mientras mucha gente se ha beneficiado del logo.

En un libro conmemorativo de la Unam lo dieron por muerto!!!! y obvio, le cobran la entrada al estadio de Fut.

Creo que sería justo que se le retribuyera con algo, un homenaje, placa y generoso cheque por ser el creador, del logo que, sin lugar a dudas es el mas bello de los equipos de futbol de nuestra liga.



lunes, 6 de diciembre de 2010

8 de Diciembre de 1980


Compilado por BetoCronopio

Adentro de la oficina con paneles de caoba del edificio de departamentos Dakota, en NY, en una de las más cálidas noches decembrinas de las que se tenga memoria, Jay Hastings esperaba que John Lennon y Yoko Ono regresaran a casa. El portero de veintisiete años de edad, musculoso y barbón, llevaba mas de dos años trabajando en el Dakota. Siempre dijo que lo mejor de su trabajo había sido conocer a John y a Yoko, dueños de cinco departamentos en el edificio. Hastings había sido fan de los Beatles desde que era niño; incluso coleccionó tarjetas con los retratos de Fab Four. Pero ahora era más que un fan. John Lennon lo conocía de nombre. Cuando él y Yoko volvían por la noche, después de salir a divertirse o al estudio, Lennon le decía: Bon Soir Jay, y a veces bromeaban un poco. Esta noche, Hastings, tenía una sorpresa: un sombrero para la lluvia, de fibra de vidrio, rojo, que un diseñador de vanguardia había dejado para Yoko. Pensaba no decirles nada hasta que ellos adivinaran lo que era.

Poco antes de las 23:oo hrs, Hastings leía una revista cuando escuchó varios disparos afuera de la oficina, y enseguida el ruido de vidrios rompiéndose. Se incorporó. Oyo que alguien subía por las escaleras, hacia la oficina. John Lennon entró tambaleándose, con una expresión terrible y confusa en la cara, Yoko le seguía, gritando: " Le dispararon a John, le dispararon a John". Al principio Hastings pensó que era una broma. Lennon dió varios pasos y entonces, se derrumbó sobre el piso, esparciendo las cintas de su sesión final, que llevaba en las manos.

Hastings activó la alarma que llamaba a la policía, y corrió al lado de John. El angustiado portero le quitó cuidadosamente los anteojos que parecían incrustarse en su rostro desencajado. Torpemente se despojó de su saco azul del Dakota y lo colocó sobre John. Entonces, se quitó la corbata para usarla como torniquete, pero no había donde colocarlo. La sangre fluía de la boca y del pecho de Lennon. Sus ojos estaban abiertos, pero desenfocados. Regurguitó una vez, vomitando sangre y materia carnosa.

Frenética Yoko gritó pidiendo un doctor y una ambulancia. Hastings marcó al 911 y pidió ayuda. Después volvió al lado de Lennon y dijo: "Estas bien John, estarás bien".

El portero de afuera entró corriendo y le dijo a Hastings que el atacante había dejado caer su pistola sobre la acera. De inmediato salió tras el tirador. No era necesario. El joven regordete que le había disparado a Lennon estaba tranquilamente parado sobre la calle 72 Oeste leyendo The Catcher in the Rye.

Chirriando las llantas dos patrullas llegaron al lugar y cuatro policías saltaron a la calle, empuñando sus pistolas: "Arriba las manos" le dijeron a Hastings, quien tenía la ropa llena de sangre. "Él no es", gritó el otro portero. "Él trabaja aquí". Señaló al joven que estaba leyendo. "Ése fué". Dos policías lanzaron al atacante contra la elegante fachada de piedra del Dakota. Hastings y los otros dos policías corrieron hacia el edificio.

Fue entonces, después de ver la ventana astillada de la oficina y la sangre en el callejón, que Hastings se dió cuenta que Lennon había estado muriéndose frente a sus ojos.

En contra de los deseos de Yoko, los policías voltearon a Lennon para evaluar sus heridas. Dijeron que no podían esperar a una ambulancia y cuidadosamente lo levantaron del piso. Mientras salían por la puerta Hastings, quien sostenía el brazo y el omóplato izquierdos de Lennon, oyó como crujieron los huesos desplazados. El cuerpo de Lennon estaba inerte, sus brazos y piernas en jarras. Lo subieron a la patrulla para llevarlo al Hospital Roosevelt, un policía le preguntó: ¿Sabe usted quien es? John gimió y movió afirmativamente la cabeza, fué su último gesto. Yoko abordó una segunda patrulla. Hastings regresó caminando al edificio y esperó en la oficina. 30 minutos después la noticia llegó al Dakota: John Lennon, esposo y padre, de cuarenta años de edad, había muerto.



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"Hombre herido a balazos, Uno de la calle 72 Oeste"
Fué lo que se escuchó por la radio de la policía justo antes de las 23:00 hrs. En la 3a una patrulla azul y blanco se detuvo bruscamente frente a los edificios Dakota, estaban los oficiales Jim Moran y Bill Gamble. El hombre balaceado no podía esperar una ambulancia. Lo acomodaron a lo largo del asiento posterior de su patrulla y lo llevaron de inmediato al Hospital Roosevelt, en la esquina de las calles 59 y la 9a. Cargaron el cuerpo ensangrentado hasta una cama rodante y lo empujaron hacia la sala de urgencias. Los doctores no pudieron hacer nada. A las 23:07 anunciaron que John Lennon había muerto.

La noticia se supo a través del noticiero de la WABC-TV en NY, y se dio a conocer la muerte en el partido de Futbol Americano del Lunes por la noche ( http://www.youtube.com/watch?v=5gcdz1IRVoM&playnext=1&list=PL855048CFDA5D2312&index=10 ) . La noticia corrió como un incendio en la pradera.

A medianoche salió caminando una mujer con modales muy secos. El gafete negro sobre su traje blanco de laboratorio señalaba que ella era A. Burton, la directora de RP del Hospital. Los reporteros le lanzaron varias preguntas. "Preferiría que el doctor hablara con ustedes", evadía ella, "Él es Stephan Lynn. Es director del servicio de Urgencias del Hospital".

El doctor Lynn se enfrentó a la prensa, a los diez minutos después de la medianoche: "Un poco mas cerca, doc" gritó un reportero y las cámaras empezaron a funcionar, luces estroboscópicas lo bañaron de inmediato. El doctor, vestido impecable con un saco blanco, estaba nervioso, y explicó:
- John Lennon... - y entonces titubeó como durante 20 segundos por lo menos- John Lennon -prosiguió finalmente- fue traido a la sala de urgencia del hospital Roosevelt de St Luke, esta noche, poco antes de las 23:00 hrs. Estaba muerto al llegar -Los representantes de los medios exclamaron un ahhh de sorpresa- Se llevaron intensos esfuerzos por resucitarlo; pero, a pesar de las transfusiones y de muchos intentos no se le pudo revivir.
- ¿En dónde fué herido y cuántas veces?- preguntó un reportero.
- Tenía múltiples heridas de bala en el pecho, en el brazo izquierdo y en la espalda- contestó el doctor- Había siete heridas en su cuerpo. No sé exactamente cuántas balas fueron. Los vasos mayores de su pecho mostraban lesiones importantes, que causaron una pérdida masiva de sangre casi del 80%, que probablemente provocó su muerte. Estoy seguro que murió en cuanto las primeras balas entraron a su cuerpo.
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Al otro lado del Atlántico, cerca de la ciudad de Bournemouth, la diferencia horaria hacia despuntar el alba sobre el puerto de Poole. La gaviota medio domesticada a la que la tía Mimí llama Albert, se contoneaba por el patio esperando ser alimentada por aquella mujer delgada, práctica, en ocasiones estrepitosa, a la que tanto se parecía John.

El le había comprado a Mimí esa casa a orillas del mar hacía ya bastante tiempo, allá por los años sesenta, época en la que la locura de sus fans había tornado Liverpool inhabitable. Una noche se la encontró agazapada en la escalera, deshecha en lágrimas y entonces le dijo que escogiera una casa nueva en el lugar que mas le gustara. Mimí vive sola, sin mas perturbación que el altavoz de los barcos pequeños para turistas que anuncian: "Esa es la casa de la tía Mimí".

La casa no es lujosa. Como la que antaño tuviera Mimí en Liverpool, es esencialmente un lugar confortable y de inmaculada limpieza, donde uno siente que debe limpiarse los zapatos antes de ingresar. Sobre la tv hay una fotografía de John con la gorra del uniforme de la escuela Quarry Bank, que llena el lugar ocupado, años atrás, por su medalla de la Orden del Imperio Británico.

Mimí se despertó el 9 de diciembre y al poner la radio oyó que hablaban de John en el espacio de Today Radio. No sintió preocupación alguna, ni sorpresa. Sólo se le ocurrió pensar lo mismo que pensaba cuando él estaba en la escuela y le telefoneaban de la oficina del Director; el mismo pensamiento, medio de irritación, medio de broma, repetido tantas veces a lo largo de los años: "¡Dios mío! ¿qué habrá hecho ahora?".

Y en eso sonó el timbre del teléfono.

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Después de trabajar febrilmente durante media hora, sin obtener respuesta; decretaron la muerte de John, el doctor Lynn fue a la sala de espera en donde Yoko se encontraba, ella le preguntó frenéticamente:
- ¿Dónde está mi marido? ¡Quiero estar con mi marido! El querría que yo estuviera con él.
- Tenemos muy malas noticias -le contestó el médico- Desgraciadamente, pese a nuestros grandes esfuerzos, su esposo ha muerto. Al final no ha sufrido.
- ¿Me quiere decir que está durmiendo? - Sollozó Yoko.

Poco después de medianoche estaba de vuelta en el Dakota, sola. Era de madrugada cuando llamó a 3 personas: a Julian (el primer hijo de John), a la tía Mimí y a Paul McCartney.

El 10 de diciembre se publicó esta carta en los principales periódicos de todo el mundo:

He contado a Sean lo sucedido. Le he mostrado la foto de su padre en la portada del diario y le he explicado la situación. He llevado a Sean al lugar donde John cayó después de ser baleado. Sean quiso saber por qué esa persona disparó a John si lo quería. Le he explicado que probablemente sea una persona trastornada. Sean ha dicho que debemos averiguar si estaba confundido o si realmente deseaba matarlo. Le he dicho que eso corresponde a los tribunales. Sean y su padre eran amigos. Mas tarde Sean lloró. También ha dicho "Ahora papá forma parte de Dios. Creo que cuando uno muere, se vuelve mucho mas grande, porque forma parte de todo"
Yoko & Sean



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El 9 de diciembre de 1980, a la mañana muy temprano, mientras Linda llevaba a los niños a la escuela Paul recibió una llamada donde le avisaban que habían asesinado a John. Cuando Linda regresó, se dió cuenta, por la cara consternada de Paul, que había pasado algo muy malo.

Poco después de las 8:45 hrs Paul le marcó a su hermano Michael y según Michael estaba muy angustiado para hablar: "Paul dijo solamente que no dejara de enviarle buena vibra desde Liverpool, para ayudarlo a pasar el día, estaba muy, muy alterado".

Al mediodía, Paul decidió que la única manera de pasar aquel día era trabajando. Paso la jornada en los estudios AIR de Londres, hablando con George Martin y grabando.

George Harrison se enteró de la noticia por su hermana Louise, que vivía en los Estados Unidos. El personal de su casa reforzó los portones de Friar Park ante la creciente multitud de periodistas y admiradores y, lo mismo que Paul, pasó el día en el estudio.

Ringo Starr se enteró en las Bahamas estaba con su segunda esposa Barbara, tomaron el primer avión a Nueva York. Al principio Yoko insistió en recibirlo a él solo, hasta que Ringo le explicó con amabilidad que ella y John habían sido siempre como una persona, y eso mismo sucedía entre él y Bárbara.

"Cuando murió John me sentí tan horrorizado que tuve como un miedo al público. Se trataba de un completo vacío y de la inexorabilidad del hecho. Cuando llegué a casa lloré a mares, en la intimidad de mi hogar. Me dominé durante el día pero, en la noche, cuando salió en todos los noticiarios... lloré mucho. Recuerdo que me puse a gritar que el asesino era el tipo mas despreciable del mundo; me sentía tan despojado y tan sensible. Después, durante muchos meses continué muy conmocionado, y no podias hablar de armas de fuego conmigo. Cualquier mención a las palabras de revolver, rifle, pistola me chocaba, me enviaba una ola de reverberación por todo el cuerpo, como un pequeño eco del otro disparo. No podías ni siquiera decir disparar refiriéndote a una cámara fotográfica. Al día siguiente de su muerte, hubo una cacería de faisanes en el bosque. Linda salió y les habló... Fue un periodo difícil, pero, por suerte, una vez que hubo pasado pude decirme: Por lo menos nos separamos en buenos términos. Gracias a Dios por eso." Paul McCartney