lunes, 5 de marzo de 2012

Memoria Viva. Crónicas de emigrantes de Santa María Tavehua, Oaxaca al Valle de México.



Por Verónica Vazquez Mantecon

Este libro es un testimonio de supervivencia. No sólo personal sino colectiva. Aquí queda constancia de los valores que han dado fundamento a la comunidad indígena: la reciprocidad y solidaridad expresadas en el tequio y la gozona, el deber de enterrar a los muertos con dignidad, la valoración de la sabiduría de los ancianos, el apego y el respeto por la tierra y sus frutos, la responsabilidad de participar honorariamente en los puestos públicos, la voluntad de continuar, pese a tanta adversidad, con las tradiciones de los que estuvieron antes.

Los textos aquí reunidos dan cuenta de la fuerza, de la voluntad, de la determinación de salir adelante, de enfrentar cualquier infortunio a cualquier edad y en cualquier lugar. Quien lea esto se dará cuenta de lo que son capaces los pobladores de Santa María Tavehua en su afán por mantener los lazos comunitarios donde quiera que se encuentren.

El sentido de pertenencia a la comunidad subordina el interés personal al colectivo. Hay una convicción esencial de pertenecer que se expresa en el deber de cuidarse los unos a los otros, de valorarse en todo lo que valen, de otorgarse a sí mismos la importancia que saben que tienen y que muchos les niegan. Hay orgullo por las raíces y la historia compartida, de ahí la importancia de preservar la memoria. Aquí se recogen vivencias y recuerdos que rescatan del olvido las experiencias de gente valiente y portadora de una herencia ancestral.

Pese a que se rememoran carencias y la dureza de la vida, todos añoran ese lugar originario, donde fueron amados por sus padres y conocieron el mundo. Conservan en la memoria la imagen de las nubes y el azul del cielo serrano, el color naranja del barro, los olores de la tierra y del aire y los sabores. Pero sobre todo, aman los sonidos: de pájaros y de agua, el de la lengua propia y de la música de las bandas de aliento que los hace bailar vestidos de blanco con ramos de flores en las manos, y que constituya un lazo afectivo que los une como un cordón umbilical a la madre; madre tierra, madre pueblo, madre comunidad, madre amorosa.

Y este vínculo no lo rompen ni la distancia ni las fronteras porque se lleva muy dentro. A donde vayan llega: camina con ellos desde Tavehua hasta Oaxaca, la Ciudad de México o Los Ángeles. Los mantiene unidos y reproduce donde se hallen la música y los bailes, el caldo y los tamales, los huipiles y la alegría de reconocerse hermanos y contar los unos con los otros.

Bienvenido sea este libro porque deja constancia para la historia de que existieron zapotecos valientes, alegres, solidarios y de gran corazón. Aquí están sus nombres y sus historias. Ya no podrán ser olvidados.

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